Santa Ana, tierra de profundo palpitar, tradiciones, cultura y turismo

Con un nombre estirado y seductor como una estola de visón, Santa Ana de Vuelta Larga es un cantón hermoso, productivo y carismático que tiene Manabí; de profundo palpitar que entrelaza tradiciones, cultura y turismo. Está ubicado en una zona montañosa en las estribaciones de la cordillera de Chongón y Colonche rodeado por una grandiosa vegetación verdosa y húmeda, que a lo lejos luce azul y enigmática.

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Santa Ana es una tierra de inagotable riqueza natural, cultura y tradición oral, de grandes sueños y también de contrastes. Es un lugar donde podemos disfrutar paso a paso, puesto la naturaleza ha sido generosa proporcionándole ríos y montañas que forman un biocorredor ecológico de 41 kilómetros desde Lodana hasta Honorato Vásquez. Algunos le dicen “Santa Ana, madre de las aguas”, debido a que confluyen los ríos Pata de Pájaro y Mineral que unen al Río Grande. Está cruzada por un corredor de balnearios de agua dulce rodeados de infinidad de casas campesinas de techo de paja y caña guadúa; entretejidas con el mismo capricho y primor con el que se teje un canasto o un sombrero de paja toquilla.

Gracias a su extensa vegetación y su exuberante belleza natural, el corredor turístico es un importante dínamo de la economía del cantón y en especial de cuatro de las seis parroquias que están bajo su influencia: Lodana, Santa Ana de Vuelta Larga, Ayacucho y Honorato Vásquez.

A lo largo del biocorredor se puede encontrar 34 atractivos; desde puertos, badenes, miradores, cuevas, cascadas, establecimientos de comida típica, hospedajes tradicionales y no tradicionales e importantes centros recreacionales que mantienen una profunda armonía con la cultura, el folclor y las costumbres del santanense que atesora los mitos y leyendas heredados de sus antepasados.

Poza Honda

Indudablemente, Santa Ana es un verdadero paraíso donde el principal atractivo del Bio-corredor es la represa de Poza Honda; primer reservorio de agua que se construyó en Manabí y que abastece a nueve cantones de la provincia.
Es en esta reserva artificial de 12 kilómetros de largo donde converge la mayor cantidad de visitantes, puesto es idónea para realizar paseos en lanchas, pesca deportiva y otros deportes acuáticos sin motor (kayak, veleros, etc.); actividades que en la mayoría de ocasiones están acompañadas por una importante variedad de aves que con su canto avizoran el cambio de estación al campesino emprendiendo, con la lluvia, el arte de la germinación de la semilla en la que el agricultor pone su esperanza para subsistir.

La Ruta de los Abuelos

Es una divina aventura que empieza desde Santa Ana, avanzando su recorrido por el sitio Las Guaijas hasta llegar a Río Caña en Casa de los Abuelos y luego desplazarse hasta Poza Honda, así, se fortalece una iniciativa turística. Se trata del tour por la Ruta de los Abuelos.

La novedosa alternativa se inició con el apoyo del GAL-Sur Manabí (Grupo Acción Local) y abriga experiencias internacionales exitosas complementadas con algunos elementos de la cultura manabita.

“La oferta que conjuga la ecología y la cultura es una opción diferente a las actividades turísticas que se desarrollan en la zona”, según indica el promotor Antonio Pico. La oferta consiste en un paquete turístico de tres días para los amantes de la naturaleza y para quienes quieran reencontrarse con sus raíces culturales. El tour de tres días se inicia a las tres de la tarde con un recorrido de 20 kilómetros en bicicleta, desde Santa Ana hasta Río Caña, donde se encuentra la Casa de los Abuelos, un impresionante caserón que perteneció a Ramón Antonio Pico y que ha sido restaurado por el Instituto de Patrimonio Cultural.

En ese recorrido, que Pico denomina “cicleteada”, los turistas pueden ir conociendo sitios de interés local, los paraderos y degustar de las famosas y deliciosas empanadas de Ayacucho, hasta llegar a Río Caña a las seis de la tarde donde se inicia una noche cultural con tradición oral.

Para el segundo día el tour contempla actividades de interrelación con los agricultores, nada más gratificante que aprender cómo se desarrollaba la agricultura de antaño; eso se consigue con un recorrido por fincas diversificadas y visitas a sitios de interés como la Poza Azul y algunas fuentes y cascadas de la zona como Corralón, El desgraciado, El chorro del Diablo en Guajabe, entre otros. Este día también contempla un recorrido por la represa Poza Honda y por el bosque primario de 200 hectáreas que conserva Ángel José Mendoza, un personaje local que ha decidido proteger un bosque con especies de la zona y que no cortará ni venderá sus elementos naturales.

El tercer y último día contempla la bajada en balsa por el Río hasta el sitio Las Guaijas. Ese último punto del tour está concebido como una fiesta a la lo largo del afluente acompañada de música, guarapo (trago fuerte), un delicioso almuerzo en tonga (comida envuelta en hojas de plátano) y frutas que se sirven en una de las playas del río.

La aventura tiene un costo de promoción de treinta y cinco dólares ($35) incluido el paseo en bicicleta y el hospedaje en carpas. Por tanto, los interesados pueden contactar a Antonio Pico, a quienes todos lo conocen en Santa Ana por ser un autóctono orgulloso de sus raíces; siempre anda a caballo, tiene una espesa y larga barba, identificándose con su mundo ecológico.

Gente amable

La calidez de los habitantes hace que quien visite Santa Ana quiera quedarse. La gente es amable y siempre está dispuesta a colaborar con el propio o el extraño, ya que se ha generado conciencia turística, pues reconoce que tratar bien al turista significa potenciar el desarrollo económico del cantón.

Sin lugar a dudas, cuando de turismo rural se trata, “Santa Ana aparece entre las opciones más importantes para visitar; en efecto en época de verano, cuando las aguas son mansas y cristalinas, los visitantes llegan desde Manta, Portoviejo, Montecristi, Jaramijó, Rocafuerte, incluso de otras ciudades como Guayaquil y Quito”, manifiesta Richard Ponce, un estilista de la localidad quien sin tener nociones de guía turística estuvo presto para detallar el importante atractivo turístico con que cuenta la tierra de los Horacio (Horacio Hidrovo Velásquez y Horacio Hidrovo Peñaherrera, baluartes de la literatura de Santa Ana).

“Es que Santa Ana es un refugio natural donde nace la vida; por eso, en la actualidad, toma el nombre de Bio-corredor Turístico debido a la riqueza natural que hace de este paraje un paraíso al que todos quieren volver”, indica Mayra Mieles a quien se le preguntó cómo promocionaría su tierra si algún turista se le acerca a pedir información de la oferta que tiene el cantón.

Fortalecimiento cultural

Santa Ana es cultura viva, fuente del amorfino, tierra de cuentos y leyendas.

Como un hecho excepcional, las actividades culturales son una prioridad del poder público. Todas las autoridades del Gobierno Municipal, Alcalde y Concejales son miembros de la Fundación Cultural Santa Ana, la cual ejerce una actividad arrolladora. Lo eran antes de hacerse políticos y algunos de ellos subieron el escalón solamente para empujar el carro cultural que conlleva alfabetización, apoyo a escuelas, capacitación, cursos de arte, música, títeres, eventos de poesía nacionales e internacionales, todo sin descuidar las obras de infraestructura pública que los ha hecho ser reconocidos por el Comité Anticorrupción y por la ONU con el apelativo de Municipio Transparente.

“Este cantón mensualmente tiene actividades culturales”, según lo manifiesta la promotora cultural y presidenta de la mencionada fundación, Blanca Flor Mendoza. Además, “Todos los meses tenemos alguna actividad cultural, invitamos escritores, músicos y poetas a que dicten recitales y conferencias”, acotó Mendoza, al mismo tiempo que reconoce que hay -literalmente hablando- una fiebre de actividades culturales.

Es así como la tradición y la leyenda en este pueblo es esencia pura desde hace más de cien años, quien sabe desde cuándo con exactitud, se aparece el diablo. Con su atuendo rojo y con un silbato anuncia su llegada al pueblo, dando inicio a una de las más divertidas fiestas: La Bajada de los Reyes, que se celebra cada seis de enero.

Marianita Pincay, promotora cultural y concejala del Municipio de Santa Ana, enfatiza que “La celebración es centenaria y se inicia el 24 de diciembre y termina el 6 de enero, día en que se celebra la Bajada de los reyes a Belén”.

Esta manifestación cultural es una de las más arraigadas a la identidad del santanense y marca no sólo el inicio de una serie de manifestaciones culturales que se desarrolla a lo largo de todo el año, sino también la llegada del invierno y la consecuente crecida de los afluentes que alimentan uno de los recursos más importantes y fuente de vida de nueve cantones: El Río Grande, que recorre 178 kilómetros hasta desembocar en el mar.

La tradicional celebración gira en torno a las caretas. Los hombres se disfrazan de mujer y las damas de pastoras; así recorren los pesebres de la ciudad. Llegan a las posadas a cantar y bailar, donde son recibidos con dulces y bebidas típicas y no tan típicas. La actividad se repite noche tras noche hasta que el día 6 de enero bajan los Reyes Magos adorar al Niño, llevando consigo los regalos. Ese mismo día aparece, desde las 5 de la mañana y haciendo el anuncio de su llegada con un ensordecedor silbato, el diablo para robarse al niño Jesús del pesebre.

Esta figura que representa al mal es, aunque resulte contradictorio, ayudada por los niños, quienes durante todo el día hasta llegada la noche lo siguen y le avisan que los vaqueros lo buscan para capturarlo.

El entretelón de toda esta fascinante historia tiene otros actores, como los vaqueros que montados en sus caballos y portando lazos buscan a los diablos para capturarlos y evitar que se robe al Niño. Además, los viejos cañutos, que son personas disfrazadas con caretas y portando una caña picada van por ahí pegando y cargándosele a la gente para que les den dinero. El diablo, entre tanto corre por toda la ciudad, se mete a las casas en su intento por escapar de los vaqueros, huye a pie, en bicicleta, en burro o en carro, el medio es lo de menos, lo importante es no ser atrapado y desterrado al quinto infierno.

Cuando llega la noche, la fiesta continúa con música y caretas en la Plaza Central de la ciudad en el baile denominado “La bajada de caretas”. Hasta el lugar concurren miles de personas que cubren su rostro con máscaras y llegada la medianoche se bajan las caretas y es cuando se descubre quién era el diablo y quiénes los viejos cañutos.

Es que Santa Ana no sólo huele a nostalgias del ferrocarril que alguna vez tuvo, sino a fragancia de leyenda enardecida de poetas, músicos y escritores inspirados en la belleza pura de la tierra manabita.