Influencia de la Cultura Manta

Pese a que en Santa Ana se han encontrado vestigios cerámicos, no se cuenta con el aval de una investigación mediante la cual se establezca qué culturas influyeron en este territorio.
No obstante, la especulación conduce a que tribus de la cultura Manta, que se desarrolló en las provincias de Manabí y Guayas se adentraron en esta región montañosa.

Entre los objetos que se conservan en distintos establecimientos, asoman sillas de piedra en forma de U con altos y bajos relieves, que representan a seres humanos, monos y aves; láminas de piedra con bajos relieves que representan a mujeres desnudas.

La cultura Manta se desarrolló entre los años 500 y 1.500 después de Cristo, determinándose entonces que a la llegada de los españoles, Santa Ana estaba poblado por tribus de dicha cultura.

Viceparroquia

Durante las primeras décadas del siglo XVIII, un punto en el centro de la montaña sur de la provincia llamado Vuelta Larga empezó a poblarse vertiginosamente.

Al lugar llegaron comerciantes, agricultores, ganaderos, artesanos con sus respectivas familias. Entre los foráneos se encontraban Mariano Cevallos, Francisco Aráuz y Pedro José Moreira.

La población fue cada vez más numerosa, el comercio se intensificó al igual que la agricultura; y esto trajo como consecuencia la necesidad de conseguir los elementos indispensables para el respeto social y la administración pública.

Así lo comprendieron los pobladores, quienes consiguieron, en 1828, que aquel caserío fuera elevado a viceparroquia civil y eclesiástica con el nombre de Santa Ana, bajo cuyo patrocinio se puso la nueva entidad, y fue natural que en esa época todo beneficio era esperado de la Divina Providencia.

José María Urbina pidió la parroquialización

Según la historiadora María Alava Cedeño, Santa Ana alcanza su parroquialización, por petición de José Urbina, quien se encontraba de Gobernador de Manabí en 1844.

Urbina para entonces era acérrimo partidario de Juan José Flores, y por eso pidió el 23 de marzo de 1844 que el sitio sea elevado a parroquia, y ocurre que el Ministro ordena que se oiga al diocesano de Guayaquil, cuya jurisdicción eclesiástica se extendía a Manabí.

Los trámites se retardaron. Urbina se convirtió en antifloreano, y la revolución de marzo de 1845 rechaza todo lo referente al Gobierno anterior; pero como el proyecto procedía de una persona influyente en el nuevo régimen, Santa Ana adquiere categoría de parroquia.
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Incendio

En 1848 se lamenta un incendio de graves consecuencias, pero el infortunio es superado. No se detuvo el auge económico, en vista que la riqueza de Santa Ana no se encontraba en el núcleo del poblado, sino en el campo.
La prosperidad de Santa Ana puede ser comprendida al conocer, que el sacrificio de ganado durante los domingos alcanzaba hasta 25 reses, mientras que en Portoviejo apenas se faenaban 2.

¿Por qué Santa Ana?.- “En el sitio de Vuelta Larga del cantón Portoviejo existía una pequeña Capilla dedicada a Santa Ana, la Santa se impuso sobre Vuelta Larga y dio el nombre a la región”. Esta es la definición de Jacinto Hidalgo y Douglas Vaca, autores del libro “Manabí: su historia y personalidades”.

Elecciones.- Aplicando el Decreto Ejecutivo del 7 de julio de 1884, previa convocatoria, se realizaron en Santa Ana y Olmedo las elecciones de los concejales, y el 2 de agosto de 1884 prestaron juramento ante las Juntas, los concejales: Eladio Burbano, Carlos López, Miguel Jaramillo, Carlos A. Egas, Gil Antonio Cedeño y Pedro Melchor Aragundi.

Cantonización

La Ley fue dictada el 23 de abril de 1884 y sancionada por el Presidente de la República, José María Plácido Caamaño y Cornejo

El progreso material, comercial, social y cultural dio origen a un movimiento que pretendía la cantonización de Santa Ana. Los visionarios fueron Francisco de Paula Moreira, José Manuel García, Pedro José Sierra, José Miguel Bowen, Segundo David Alvarez y Clemente Mieles.

Este grupo, aprovechando el movimiento nacional formado para derrocar la dictadura del general Ignacio de Veintimilla y la Constitución de la Jefatura Suprema de Manabí y Esmeraldas, a cargo del general Eloy Alfaro, elevaron un oficio pidiendo la cantonización del lugar con el nombre de “Bolívar”.

No obstante, el general Alfaro no alcanzó a resolver la solicitud, sólo ordenó al Ministro del Interior de su gobierno que el pedido se lo elevara a la Convención Nacional que iba a funcionar en Quito, en octubre de 1883.

Las sesiones se realizaron pero la cantonización no se dio en ese año, sino al siguiente, cuando se dictó la nueva Ley de División Territorial, en la que incorpora a Santa Ana como cantón, agregándole la parroquia Olmedo.
La Ley fue dictada el 23 de abril de 1884 y sancionada por el Presidente de la República, José María Plácido Caamaño y Cornejo, y esa misma fecha queda legalmente constituido el cantón Santa Ana.

Parroquias

El cantón Santa Ana está dividido en dos parroquias urbanas: Santa Ana y Lodana, y cuatro rurales (Ayacucho, Honorato Vásquez, La Unión y San Pablo de Pueblo Nuevo).

Fama escrita con sangre

Valiente, enamorador, leal, alegre y soñador, así es el santanense, a quien no le importa poner en juego su honor y fama, en una pelea de gallos o en un desafío a muerte con machete.

Hombres y mujeres no se apartan de sus tradiciones, que van desde una fiesta religiosa hasta los más sonados bailes populares.

La fama del santanense no sólo se desprende de sus virtudes, han influido también hechos sangrientos motivados por la venganza. Inclusive se cuenta que la violencia ha llegado a límites intolerables, como el exterminio entre familias.

El derramamiento de sangre llegó a ser algo natural en Santa Ana, pues antes no había domingo que no terminara en peleas y muertes.

El ferrocarril

Llegó por primera vez a Santa Ana en 1946, según María Alava, quien recuerda las historias que sus tíos le contaban. Con el ferrocarril mejora substancialmente el sistema de transportación que hasta esa época se realizaba en balsas por el río Portoviejo.

Para manejar las locomotoras fue necesario traer a negros de Jamaica, entre los que estaban Alejandro Scott. La estación quedaba frente a la casa de Angel Arteaga.

El nuevo medio de comunicación favoreció la exportación de los productos tradicionales, puesto que gran cantidad de cady, naranja y tagua se transportó en los vagones del tren. Antes esos mismos productos viajaban en balsas.
Con el tren se hizo famosa la frase: “Jefe la maleta, estación dos reales”, que era repetida por los muchachos que ofrecían sus servicios a los viajeros.

Industria básica para la guerra

El palo de balsa tuvo su auge con el estallido de la segunda guerra mundial, con lo que Santa Ana tuvo un gran movimiento por poseer la industria básica para mantener la guerra.

Es así como se creó la empresa “La Proveedora”, de donde salía el palo de balsa al puerto de Manta, y de ahí a los Estados Unidos para la fabricación de aviones, igualmente salía el caucho, para la fabricación de los neumáticos.
Con motivo de este negocio, el Cónsul de Estados Unidos visitó varias veces Santa Ana.