Javier y Joel Barberán tienen 18 años de edad y desde que tienen 13 elaboran ladrillos en su natal Santa Ana.

Son como “gotas de agua” y parece que tienen la misma agilidad y entereza en la elaboración de este elemento que está teniendo alta demanda, tras el terremoto del 16 de abril.

Son las 11h30 y el sol penetra hasta los huesos. Ellos parecen no inmutarse y siguen su faena como si recién hubiesen comenzado. “Hacen una pausa cuando llega la hora de almorzar, pero después no paran hasta que llega la hora de retirarse a su domicilio”, dice Fernando Saltos, hermano del dueño de la ladrillera que está sobre la salida del casco urbano de Santa Ana y conecta con la carretera a Poza Honda.

Uno de ellos decide romper el silencio y cuenta que madrugan, ya que la jornada comienza a las 05h00. A las 12h00 paran para almorzar y retoman el trabajo a las 13h00. Cuelgan los “guantes” cuando son las 16h00.

PARECIDO. Saltos les hace una broma y dice que comparten todo, hasta la enamorada.

Ambos sonríen, pero uno de ellos desmiente lo comentado y dice que no les gusta vestirse igual, pero sí comparten la preferencia por ciertas comidas.

“Son muy rápidos e incansables y en estos momentos más que hay múltiples pedidos, al punto de que se vende todo lo que se elabora”, recalca Saltos.

Uno de ellos -difícil de saber si es Javier o Joel-, indica que se hacen hasta mil ladrillos en un día, y que emplean tierra (arcillosa o limosa), agua y aserrín.

ALTA DEMANDA. Fernando Saltos señala que en el mismo sector funcionan seis ladrilleras y todas están trabajando a “full”. Lo destacable, insiste Saltos, es que los ladrilleros de Santa Ana han hecho conciencia de la realidad económica de Manabí y no están especulando con el precio.

Indica que mil ladrillos cuestan 150 dólares.

Fuente: El Diario